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    Letizia Arbeteta Mira

    Llueve. Llueve y llueve, y vuelve a llover, una campiña que estalla en verde bajo el cielo de plomo. Sigüenza más ocre - o más dorada - que nunca, parece surgir entre algunos arreboles que se abren entre las nubes. El suelo mojado, la calzada desierta, se encienden los faroles de la Alameda y la calle Seminario, crecen altas las hierbas, y se precipitan suavemente las flores de los castaños…

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  • CULTURA
    libro "Memoria de la Fundación Ciudad de Sigüenza", de Gloria de las Heras

    Redacción

    La actividad de la Fundación Ciudad de Sigüenza está estrechamente relacionada con la historia de Sigüenza en los últimos casi 30 años. Por eso para futuros historiadores va a ser imprescindible el libro que acaba de salir a la luz: Memoria de la Fundación Ciudad de Sigüenza (del año 1997 al año 2024), de Gloria de las Heras.

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Levantar la vista al cielo liberó al hombre de sus mitos y le inspiró la ciencia. Siglos después, Sigüenza se conserva como una orilla transparente hacia el océano cósmico que habitamos.

Cielo de Sigüenza. Foto de Javier Castañón Barbero.

Donde habitualmente se acaba la mirada del viandante, en el punto de fuga de las milenarias calles seguntinas, de las almenas de su catedral-fortis y su alcazaba, se encienden las estrellas de un límpido cielo castellano, valiosísima reserva natural de noches oscuras cada vez más escasas en nuestro continente y en todo el planeta. Esta formidable cúpula celeste, de escasa contaminación lumínica, constituye un patrimonio de valor literalmente astronómico y potente sinergia con otros tipos de patrimonio cultural y natural. Es a la vez consecuencia y garante de un entorno biodiverso y bien conservado en lo vegetal, animal, geológico e hidrológico: noches oscuras son sinónimo de riqueza en la base de la cadena trófica, equilibrio depredador-presa y sueño reparador.

Sigüenza se asoma al vasto océano cósmico por un horizonte de una luminosidad y belleza únicas – amplio, sin grandes elementos disonantes, abierto 360º pero en absoluto plano. Recorrer, con la vista o las botas, sus “siete colinas” (Mirón, Villavieja, Otero, Morretón, Buitrera, Quebrada y los Chorrones) es disfrutar de bosque –pinar y rebollar–, páramo, campos de labranza y vega sin toparse con una valla. Se goza, en suma, del derecho no escrito a un horizonte despejado que nos saque del ensimismamiento. El horizonte seguntino se abre a un Parque Natural (Río Dulce), al nacimiento de un río (Henares), al paso natural entre dos cordilleras (central e ibérica), a picos señoriales (Ocejón, Alto Rey, Urbión, Moncayo), al vértice de tres vertientes (Tajo, Duero, Ebro) y a los escenarios de nuestra historia (Vía Augusta, frontera Castilla-Aragón, reconquista, guerras de independencia y civil).

Tras un atardecer de luz sanguinolenta sobre arenisca, ese mismo horizonte se abre a la Vía Láctea en itinerarios estelares –circumpolares, estacionales, zodiacales– como los que se describen en el mirador celeste del molino conocido como el Polvorín.

Javier Bussons Gordo, astrofísico.

Este escrito forma parte de la Iniciativa letras vivas seguntinas. Sigüenza candidata a patrimonio de la humanidad.

 

 

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