La Plazuela en las redesVideos de La Plazuela

  • SOCIEDAD

    Pedro Ortego Gil

    En el recuerdo, cada vez más vago, de las personas de cierta edad se conserva la imagen de aquellos viejos, o no tanto, que debajo de su chaqueta y siempre por encima de la camisa llevaban una prenda, habitualmente de color negro, que no sólo les protegía del frío y del esfuerzo, sino que les permitía portar cualquier objeto no voluminoso. Una prenda hecha de lana, de un tamaño notable para poder dar varias vueltas al...

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  • SOCIEDAD

    Luis Cañadas Bernal

    En nuestro afán por encontrar destinos no muy turísticos y poco visitados y poder disfrutar de la esencia de cada país, nos empeñamos en visitar Angola, nación de habla portuguesa, con una extensión considerable, y con una población inferior a la de España.

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  • OPINIÓN

    Letizia Arbeteta Mira

    Sigüenza en Madrid. Sigüenza en un espacio poco habitual, fuera del consabido turismo cultural y gastronómico, donde, sin duda, destaca. 

    Sigüenza en un espacio dinámico, emergente, difícil y concurrido.

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  • OPINIÓN

    Julio Álvarez Jiménez

    Hay dos maneras muy sencillas a estas alturas para detectar que el que habla carece de fuste: que insulte al contrario acusándolo de “rojo” o que lo haga llamándolo “fascista”. Son dos señales inequívocas de vacío interparietal, casi tan infalibles como la del que cree que acusar al contrario de...

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  • OPINIÓN

    Letizia Arbeteta Mira

    Lo supe cuando me desperté.

    Por los huecos de las contraventanas se filtraba una luz distinta, clara, resplandeciente, espectral y cálida a la vez.

    Había nevado.

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Conservo la imagen grabada en la retina y vuelvo a ella con frecuencia. El autobús asoma al Valle del Henares, inicia la bajada por las curvas de la Cuesta del Moral y el niño de pueblo, que ha subido con sus padres en Riba de Santiuste al coche de línea para ir al mercado de Sigüenza, no acaba de creérselo.

Coche de línea de Atienza. Primeros años 50. Foto cedida por Juan Carlos García Muela

Contempla asombrado las siluetas del castillo y la catedral y a punto está de dar palmas. Recostada sobre una colina, con los tejados blancos por la escarcha, la ciudad comienza a desperezarse. Ve gente con alforjas que ha venido de los pueblos cercanos, empleados de corbata y curas de sotana. Ha descubierto otro mundo y Sigüenza será a partir de aquellos años sesenta el paisaje imborrable de su infancia.

A través de la ventanilla empañada de aquel destartalado autobús, que años más tarde le llevaría cada mañana al recién inaugurado Instituto Martín Vázquez de Arce, descubrió la Sigüenza monumental y la Sigüenza de los mercados. La Sigüenza de las tiendas llenas de gente. La Sigüenza de las concurridas ferias otoñales de ganado en el Prado de San Pedro y la Fuente Nueva. La Sigüenza alegre y bulliciosa de la Alameda, en contraste con el recogimiento de los conventos de las Clarisas y las Ursulinas. La Sigüenza de la Plaza Mayor y de las callejuelas empedradas y estrechas de las Travesañas.

Autobús de línea en Sigüenza

Sigüenza aglutinaba todo lo que un niño de pueblo podía entonces soñar. Luego, llegarían otros sueños, otras ciudades, nuevas ilusiones y nuevos retos, pero las torres del castillo y de la catedral, vistas por primera vez desde la ventanilla de un coche de línea, han viajado siempre a mi lado. He conocido muchas ciudades, he visitado lugares de increíble belleza, pero nada tan emocionante y revelador como la vista panorámica de la Ciudad del Doncel en aquella fría y lejana mañana de otoño.

Sigüenza, orgullosa de su glorioso pasado, sigue preservando las tradiciones y leyendas grabadas en sus edificios centenarios; manteniendo viva la llama de la hoguera de San Vicente y con la apuesta clara y decidida de ser reconocida Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

 

Javier del Castillo

Periodista

Letras Vivas Seguntinas

Sigüenza, ciudad candidata a Patrimonio del a Unidad.

 

 

 

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