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El titular es estrictamente noticioso: es fácil recordar conciertos en Sigüenza de música clásica, rock, pop, jazz, blues, folk, rancheras, tango, fado… pero nunca de flamenco. El cante jondo es un género musical no sé si proscrito pero desde luego apenas programado en esta ciudad, y por eso resultó aún más deslumbrante el espléndido concierto del joven cantaor Alberto Funes (Granada, 1982) y el guitarrista David Monge (Guadalajara, 1980, con orígenes en Riofrío), el jueves 9 de agosto en el patio del Albergue de la calle Mayor, que da a la Ronda del pinar. Y, por si alguien tenía alguna duda, que quede claro desde el principio: el local se llenó de un público que aplaudió con entusiasmo.

No fue, además, un concierto flamenco descafeinado, aliviado a propósito para un público poco conocedor, sino un recital de cante a carta cabal: arrancó por unas imponentes soleares y continuó por tientos/tangos, granaínas, bulerías, siguiriyas y cantiñas. Flamenco puro, sin concesiones. Solo al final, en el bis, Funes se permitió ofrecer una versión de la célebre Soñar contigo, de Toni Zenet, que cantó por bulerías en una versión que a quien escribe estas líneas le gustó más que la original del crooner malagueño.

Alberto Funes y David Monge en el concierto.

Funes se mostró solvente en todo cuanto cantó. Los palos que eligió son los más exigentes, y en todos brilló. Las soleares con que abrió el concierto anunciaron que estábamos ante un cantaor serio, que sabía muy bien lo que se hacía. Los tientos, rematados por tangos, rezumaron compás (“Hablo con Dios y le digo…”). Con las granaínas se acordó de su Granada natal con letras que inmortalizó Enrique Morente y que Funes interpretó con especial sentido (“La que vive en la Carrera, esa señora lo sabe / que yo te quiero de veras...”). Las siguiriyas tuvieron la solemnidad que exige ese palo (“Yo no soy de esta tierra, ni conozco a nadie…”), como fueron festivas las bulerías y las cantiñas gaditanas. Todo ello perfectamente acompañado por el guitarrista David Monge, a quien ya conocíamos de anteriores conciertos de la Asociación de Violería, y que lució en algunas falsetas vertiginosas, sobre todo en las siguiriyas.

Del desgarro en algunos tercios, a la dulzura en otros, Funes se reveló como un cantaor largo, dominador de un amplio repertorio,  y con un exquisito gusto en la selección de letras. Es una maravilla comprobar cómo el flamenco se renueva con cantaores jovencísimos absolutamente comprometidos con el cante por derecho. De una sólida formación musical, Funes además de cantar toca la guitarra y el violín, y compone canciones. Al principio advirtió de que no se guardaría nada, aunque más adelante desveló que había viajado desde Almería en el día, se encontraba cansado y su voz se resentía, aunque a quienes lo escuchamos nos costó advertirlo (quizá se le veía algo comprometido en los forte, cuando el cante le exigía una mayor energía).

Cante en el jardín de El Albergue

Fue una inesperadamente fresca velada estival, organizada por Siguenz(A)rte (otro acierto en la programación de Mari Carmen Hernando, y van…), con la participación del profesor de la Escuela Municipal de Música, Fernando Álvarez, encargado del equipo técnico, que sonó perfecto, y con la colaboración de Nines Gordo y Diego Moreno, los propietarios del Albergue que acogió el evento y que supuso el descubrimiento de un nuevo espacio donde disfrutar de la música en directo en verano. No es de extrañar: en la finca aún resuenan los ecos de la guitarra de Santi Moreno, hermano de Diego, que ocupaba sus tardes seguntinas en largas sesiones de ensayo, como los sones de la música que acompañaba a la peña El Tropezón, que tuvo aquel patio como local durante 23 años.

Quienes no acudieron se lo perdieron: no es fácil encontrar una mejor  manera de emplear 10 euros durante el verano seguntino. Y quedan descartadas para siempre las suspicacias de quienes miran con recelo al flamenco en Sigüenza, donde nunca han faltado aficionados con mente abierta a cualquier género musical, cuando se muestra con la calidad de este concierto. Cantaor y guitarrista brillaron, el entorno era cautivador, la organización perfecta  y el público disfrutó de lo lindo.  Habrá que repetir, en una noche de menos fresco (lo que en Sigüenza llamamos fresco y en otros lados, un pasmo). Seguro que… continuará.

 

 

 

 

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