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En nuestro afán por encontrar destinos no muy turísticos y poco visitados y poder disfrutar de la esencia de cada país, nos empeñamos en visitar Angola, nación de habla portuguesa, con una extensión considerable, y con una población inferior a la de España.

Antonio Cano y yo nos embarcamos en esta aventura en el mes de febrero y con la ilusión de pasar del frio y lluvia de España al hemisferio sur tropical con un poco de calor y sol.

Para entrar en Angola no se necesita visado previo para entrar, y la ruta mas fácil y corta es vía Lisboa. 

Luanda

En Angola, todos los mayores de 30 años tienen recuerdos de la guerra civil, guerra terrible, muy prolongada, con matanzas en todos los frentes. La guerra por la independencia de Portugal comenzó en 1961 por, principalmente, tres grupos políticos, el MPLA, el FNLA y otro grupo secesionista en Cabinda. Tras el colapso de Portugal en 1975, se otorgó la independencia, y estos grupos empezaron a luchar entre ellos por el poder.

Las luchas por el poder entre el MPLA y el FNLA recibió apoyos de varias potencias a uno u otro bando, China, Sudáfrica, Congo, USA, y sobre todo Cuba, que llegó a mantener un ejercito de 60.000 militares, el FNLA se unió a otras guerrillas menores y se creó la UNITA. Finalizada la guerra civil, en 2006, ambos bandos se repartieron el poder y los recursos económicos, pero con supremacía del MPLA, que se quedó con los pozos petrolíferos, y la UNITA con la extracción y comercio de diamantes.

Luanda

Es muy notable las diferencias que encontramos entre la capital, Luanda y provincias limítrofes, y el resto del país. Doscientos kilómetros alrededor de la capital, las carreteras y autovías son perfectas, un poco saturadas, pero cuidadas y mantenidas, sin embargo, en el resto del país las carreteras están plagadas de baches, con tramos sin asfalto, que hacen muy incómodo las rutas que se puedan realizar. Interpelado el presidente del gobierno sobre estos hechos en el parlamento, este dictaminó que no se arreglaban las carreteras porque a los turistas les gustaban los baches….

Llegamos a Luanda como primera etapa, y lo primero que nos llamó la atención fue el aeropuerto, moderno, enorme, limpio y con pocos vuelos. Después de ver la saturación de gente en los aeropuertos europeos, Valencia, Madrid y Lisboa, la amplitud y limpieza del despejado aeropuerto angoleño nos daba una idea de como sería el país.

LUANDA

La capital es una ciudad de cerca de 11 millones de habitantes, con una extensión enorme de su área urbana, está situada en una bahía con muchos arenales que hacen que las olas y las corrientes del atlántico no afecten a sus costas. Calles bien cuidadas, y edificios, hoteles, y centros comerciales modernos. Frente a esos lujos, también hay barrios enteros, y muy cercanos de chabolas, pobreza y suciedad.

Luanda

Tiene un paseo marítimo muy atractivo a lo largo de una avenida que acumula muchas de las antiguas construcciones coloniales portuguesas, como el palacio del gobernador y la sede del Banco Nacional de Angola, precioso edificio del siglo XIX, y sobre todo la fortaleza de San Miguel, que está muy bien conservada, y construida en una colina que domina toda la bahía.

Visitamos un orfanato en las afueras de la ciudad, en el que Antonio donó una cantidad importante de material escolar, así como camisetas, gorras y otros elementos procedentes de varias entidades de Cartagena. Fueron momentos muy emotivos y maravillosos.

Después de visitar la capital, nos trasladamos en avión al sur del país, cerca de la frontera con Namibia.

NAMIBE

Hicimos un recorrido por esta pequeña ciudad, con un paseo marítimo construido por los portugueses, flanqueado por casas y edificios de la época colonial. Visitamos el mercado local, en el que se vende de todo, nos llamó la atención un puesto de carne seca, en tiras, con aspecto dudoso, pero que, en otro momento, probamos, de sabor fuerte y desagradable.

Namibe

Namibe tiene un puerto pesquero muy importante, cedido a grandes multinacionales. La población local dedicada a la pesca artesanal, fue expulsada con la prohibición de pescar en toda la zona. Ahora viven en una ciudad de chabolas en mitad del desierto, sin saber muy bien como pueden mantenerse para sobrevivir. Desde allí nos desplazamos al parque Iona, cercano a la ciudad de Tómbwa. 

Namibe

LUBANGO

El parque Iona es una gran extensión de desierto, a lo largo de la costa, con enormes dunas que conecta directamente con la parte del desierto de Namibe de Namibia. Tiene playas enormes que bordean este desierto que son impresionantes, pero el agua de la costa es muy fría y con un gran oleaje, imposible de explotar para el turismo.

Lubango

Paramos en un oasis, rodeado de dunas preciosas, una parte verde, con agua, entre un mar de arena. Nos deslizamos en tablas por una duna y realizamos ascensos y bajadas con los 4X4, maravilloso. Cuando volvíamos a las afueras del parque, visitamos los restos de un barco pesquero medio enterrado en la arena, a unos 50 metros de la costa.

El autor en el parque de Iona

Posteriormente, y en el mismo trayecto hicimos una parada en las colinas de Curoca, un paraje rodeado de columnas de piedra y arenisca, y tallado por el viento, con formas y elementos muy curiosos e impresionantes.

Lubango tiene un clima templado, debido a su altitud, y nos recibió con frio lluvia y niebla. En las afueras de la ciudad, y sobre una colina, existe un Cristo Rei, desde el que se supone se puede ver una vista espectacular de toda la ciudad, aunque con la niebla no pudimos disfrutarlo.

Un barco medio enterrado

Visitamos una aldea de la etnia Ngendelengo al que llevamos varios regalos, arroz, aceite y otros elementos. Nos recibió el jefe de la aldea y varias de sus mujeres y un montón de niños. Todas las mujeres que nos recibieron eran casadas, ya que se exponen con una cuerda apretando sus pechos como distintivo de esa condición. Ejecutaron un baile para nosotros, aunque en todos nuestros viajes a lo largo de África, nunca habíamos visto una danza tan sosa, tan mal hecha y sin ritmo. Todos los hombres de la tribu, salvo el jefe, estaban fuera cuidando el ganado.

Tribu Ngendelengo
Sierra de Leba
Leba

También visitamos la Sierra de Leba, cerca de Lubango, con una carretera con 19 curvas en zigzag en un tramo de 1 kilómetro, y con vistas espectaculares, un gigantesco acantilado con un desnivel cortante, rodeado de selva, ríos y cataratas. Con un poco de suerte se puede ver todo sin niebla.

Leba

Video de Sierra de Leba

Visitamos otra tribu, de la etnia Mwila, en el que también nos recibió el jefe y un grupo de mujeres, que ejecutaron para nosotros una danza, que esta vez tenía un poco de colorido y ritmo. Visitamos algunas de sus chozas, y un establo. Esta tribu se dedica a la agricultura y ganadería, y el conjunto de los hombres estaban fuera trabajando la tierra.

Tribu Mwila

En el centro de la ciudad de Lubango pudimos visitar el museo etnológico, muy bien estructurado, y la plaza principal en el que se alza una preciosa catedral de la época colonial. 

Tribu Mwila
El autor con miembros de la étnia Mwila.

Video tribu Mwila

Terminado el circuito por el sur del país, volvimos en avión a la capital, para, al día siguiente, por carretera, dirigirnos a la zona norte, ocho horas de trayecto, y más de la mitad dando botes en el coche por la cantidad de baches, horribles del asfalto, con tramos de tierra. Nos dirigimos directamente a contemplar las llamadas “piedras negras” en Malange.

PIEDRAS NEGRAS

Es un paraje de enormes piedras de color oscuro, enclavadas en una llanura, desde lejos daba la sensación de un conjunto de rascacielos todos juntos. Al acercarnos las piedras se ven majestuosas. Al llegar al pie de las piedras, nos encontramos con un conjunto de pequeñas tiendas de campaña, donde acampaba una peregrinación de la Iglesia Evangelista. Aunque en el lugar hay una pequeña iglesia católica, el motivo de la peregrinación era la convivencia y el retiro espiritual. Realmente nos preguntamos si había merecido la pena tantos kilómetros insoportables para visitar un conjunto de piedras. Al conjunto de este paraje se puede subir, casi escalar, a un mirador, situado en la cima de una de las mayores piedras, pero como estaba anocheciendo, no nos quisimos arriesgar, por lo que ignoramos cuan grandioso pudo ser el paisaje.

Piedras negras

Desde allí nos dirigimos al alojamiento que estaba situado en el corazón de una gigantesca finca, Cahombo, donde tardamos casi una hora en llegar desde la entrada hasta llegar al hotel. Por el camino, miles de vacas con vaqueros montados a caballo, estilo cowboy, y el alojamiento muy rústico. Hotel precioso, pero aislado de todo y un poco aburrido. Todo lo que puedas consumir en su restaurante está realizado con productos de la finca.

Piedras negras

Al día siguiente nos pusimos en camino, entre bache y bache, hacia las cataratas de Kalandula.

CATARATAS DE KALANDULA

Los viajeros junto a las cataratas

Estas cataratas, con una caída superior a 105 metros, son las segundas mayores de África, con un caudal de 300 metros cúbicos por segundo de agua limpia y fría. Primero estuvimos en un mirador para ver las cataratas desde arriba, con todo su esplendor, posteriormente decidimos hacer una caminata bastante peligrosa bajando hacia el rio que forman las aguas caídas, para poder ver, enfrente, el maravilloso espectáculo que nos ofrecía la naturaleza, una estructura semicircular, de donde caía agua por multitud de fuentes. Cruzamos el río en canoa, y posteriormente tuvimos que subir por el otro margen del río, subida terrible hacia otro mirador, esta vez en forma de hotel, donde nos pudimos tomar una cerveza “CUCA” mirando todo ese espectáculo desde otra posición. Realmente esta excursión si mereció la pena.

Cataratas

Video Cataratas de Kalandula

Otra vez de vuelta a Luanda, interminables horas entre baches, y al día siguiente nos dirigimos al parque nacional Quincama, como etapa para ir a Cabo Ledo.

PARQUE NACIONAL QUINCAMA

Este parque, reserva de animales, esta cerca de Luanda, y se puede visitar en el día. La sensación que nos dio nada mas llegar es de dejadez. Parte del parque estaba quemado, con muchas hectáreas de color negro. Tuvimos que esperar casi una hora para que nos recogiera el vehículo del parque, ya que estaban esperando también a unos turistas chinos. El vehículo, una tartana de hierros, de los años cincuenta, hacía unos ruidos extraordinarios, y salían unos humos negros no muy apropiados para un parque de naturaleza.

Parque Nacional Quincama

En el trayecto pudimos ver algunos antílopes y gacelas y un solo elefante. Entre árboles de baobab y sabana, en este parque no hay grandes felinos y realmente, en el estado actual no merece la pena su visita.

CABO LEDO

En el cabo Ledo existen varios resorts de vacaciones, algunos utilizados por surfistas, en una playa muy extensa, con agua fría y gran oleaje, un 10 por ciento de esta playa es utilizada por pescadores tradicionales, en una zona acotada para ellos.

Cabo Ledo

Estuvimos en un hotel, propiedad de un portugués, de los clásicos hoteles de lujo venido a menos, por falta de mantenimiento y cuidado. La piscina estaba clausurada, y no existían duchas en los accesos a la playa, un punto positivo fue el restaurante, comida bien elaborada, con todo tipo de pescados y mariscos.

Cabo Ledo

El hotel estaba rodeado de alambre de espinos, con la prohibición expresa de no traspasar sus límites, y no poder visitar el poblado de pescadores, con vigilantes jurados armados para respetar ese límite. Incluso nos dijeron que era peligroso salir fuera del recinto.

Ante la perspectiva de estar dos días encerrados en el complejo, no nos costó mucho contactar con uno de esos vigilantes, que nos comentó que su hermano era pescador y que podríamos alquilar su barca para hacer una excursión, ya que el hotel no ofrecía ninguna, o mejor dicho ofrecía algunas rutas, pero no estaban operativas. Por supuesto le dijimos al vigilante que nos interesaba. Nos dio media hora para organizar todo. Se cambió su uniforme y salió con nosotros por las puertas de acceso, previo soborno a los vigilantes que allí estaban.

Pescadores en el cabo Ledo

Llegamos al poblado de pescadores, y allí nos encontramos con la realidad de Angola, cientos de personas clasificando pescados, empujando barcos hacia la arena, bebiendo, gente amable y maravillosa, mujeres transportando cubos de pescado en sus cabezas, cientos de niños, fue precioso y reconfortante. 

Pescadores en el cabo Ledo

La excursión en barco fue preciosa, intentamos ir a lo largo de la costa hacia la desembocadura de un río, pero se nos hizo un poco tarde y dimos media vuelta. Realmente mereció la pena conocer la aldea de pescadores, aunque en algunos momentos no nos sentimos seguros.

Pescadores en el Cabo Ledo

Video Cabo Ledo

Ya de vuelta a Luanda, hicimos una parada para visitar el museo de la esclavitud. Está situado en un antiguo palacete colonial, y, aparte de muchos dibujos en las paredes, explicando el proceso y la historia de la esclavitud, hay algunos artilugios en alguna vitrina, y dos cañones de la época colonial. En resumen, no merece la pena esta visita.

Último día en Angola, y reflexionamos todo lo que hemos vivido. Hay dos países en uno, por un lado Luanda y alrededores, mucha riqueza, estilo de vida europeo, hoteles y edificios de lujo, avenidas y calles limpias, y por otro el resto del país, falta de infraestructuras, parte de la población marginada y pobreza extrema, donde las lenguas locales no se enseñan en las escuelas.

En todo caso Angola es un país maravilloso, que engancha, una historia apasionante, lugares increíbles, gran belleza en todos los sentidos, cómodo para el viajero, a pesar de los baches. Habitantes afables y solidarios y con la ventaja para nosotros, de tener un idioma que se entiende y se comunica fácilmente. 

Gracias Angola por todos los momentos que hemos disfrutado conociéndote.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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