Este artículo no pretende narrar la batalla en detalle, sino ofrecer una introducción histórica y rendir homenaje a las víctimas y a quienes padecieron el asedio.
Desde agosto de 1936 fueron llegando a Sigüenza milicias republicanas de la CNT, de la UGT y del POUM para defender la ciudad que se encontraba cercada por los sublevados. El cerco se intensificó progresivamente, con la participación de columnas de requetés navarros.
El 8 de octubre, milicianos y población civil se refugiaron en la catedral de Sigüenza. Se estima que se refugiaron allí unas 800 personas, aunque no existen cifras exactas: eran aproximadamente 500 combatientes y 300 civiles, entre ellos mujeres, menores y personas mayores.
Los defensores comparaban su resistencia con la del Alcázar de Toledo y aspiraban a que la catedral se convirtiera en el «Alcázar republicano», a la espera de refuerzos procedentes de Madrid.
Los refuerzos no llegaron a tiempo, por lo que los sitiados acabaron rindiendo la catedral entre el 15 y el 17 de octubre.
La catedral y la ciudad fueron bombardeadas por la aviación de la Legión Cóndor alemana. También se instalaron piezas de artillería en la calle Mayor, frente a la fachada de la catedral que da a la Plaza Mayor.
La fachada atacada, el crucero de la catedral y el barrio medieval de Las Travesañas fueron las zonas más afectadas. En este último lugar se concentraban las viviendas de la población más humilde de la ciudad.
Aún se conservan en la catedral impactos de disparos y bombardeos, y persisten algunos solares en Las Travesañas como consecuencia de la destrucción bélica.
Hay que mencionar como referencia destacada de estos hechos desde la perspectiva republicana el libro Mi guerra de España, de Mika Etchebéhère, vinculada a las milicias del POUM; su marido también combatió y murió en la batalla. Existen además otros estudios escritos por militares desde una perspectiva más centrada en las operaciones bélicas.
Tras la caída de Sigüenza, los supervivientes fueron trasladados en camiones al Cine Capitol y posteriormente a campos de prisioneros de la provincia de Soria.
Los registros elaborados por los sublevados recogen en torno a 700 personas las que fueron trasladadas, pero presentan inconsistencias: entre quienes salieron de Sigüenza y quienes llegaron a Soria habría una diferencia de más de 100 o 150 personas.
Se considera que muchas de esas personas desaparecieron durante el traslado, posiblemente fusiladas en el camino. Existe la evidencia de fosas comunes en el trayecto entre Sigüenza y Soria.
El Foro por la Memoria de Guadalajara y la asociación Recuerdo y Dignidad de Soria han investigado estos hechos, aunque siguen existiendo lagunas y personas consideradas desaparecidas.
Las víctimas procedían de Sigüenza, localidades cercanas, Guadalajara capital, otros municipios de la provincia y Madrid. Muchas eran jóvenes y no dejaron descendencia; otros tenían hijos, algunas familias han reclamado a sus allegados, mientras que otras víctimas continúan sin identificar o localizar.












