La Plazuela en las redesVideos de La Plazuela

Últimos artículos comentados

Parece ya normalizado presentar un libro en acto público que reúna a unos cuantos amigos para explicarles, mediante uno o dos ponentes, lo que venga al caso y firmarles unos pocos ejemplares. Yo me tomo la comodidad de hacerlo por escrito, aunque sea pasando el trago de reseñar una obra propia.

Lo primero que hay que precisar es que Entre guerras  es la culminación de mi interés por la historia seguntina: un proyecto desigual que tuvo sus hitos en Segontia vetus y Señorío episcopal, que agrupé bajo el título común de Breve historia de Sigüenza. Creo que en la Biblioteca Municipal figura algún ejemplar de esas obras, por lo que poco más hay que decir. No puedo volver sobre ellas, porque sería labor de rehacerlas, más que reeditarlas, y no me da la vida para tanto.

Sí quedó sin escribir la última parte de tal Breve historia, cuyo título era Sigüenza turística. Yo llegué a Sigüenza con tres años (hacia el año 59 del pasado siglo) y me considero seguntino a todos los efectos. Esa cuarta parte se sobreponía así a mi vida en Sigüenza y, si llegué a pensar que ello me ayudaría a escribir su historia, en realidad ha sucedido lo contrario. Después de foguearme con la historia pasada, narrando a una cierta distancia, resulta que no quiero cobrar tal distancia y separar los hechos objetivos y documentados de lo que ha sido mi vida. Y no habrá cuarta parte.

Vayamos con la presentación de Entre guerras. Lo primero que describe este ensayo histórico son los tropiezos de un aficionado en su afán de convertirse en historiador de oficio y atenerse a la labor previa de los investigadores. De manera que se me ha criticado que la historia seguntina entrañable queda en segundo plano, frente a la recapitulación bibliográfica de lo escrito por los historiadores locales. Dicho de manera inteligible: en vez de un largo episodio
galdosiano, donde el lector pueda entrar y vivir virtualmente, hay una difícil exploración de lo que han dicho nuestros eruditos sobre esa vida, que queda como en esbozo. Esta crítica tiene su parte de justicia, pero en realidad es exagerada. En gran panorámica, se cuenta la vida real de la ciudad y sus gentes.

Entre guerras cubre desde la Guerra de Independencia hasta la Guerra Civil, de ahí su título. En ese siglo largo Sigüenza sufrió una transformación solo superada por la que está sufriendo ahora a ojos vista con el cambio poblacional. 
De ser una ciudad de hechuras medievales cerrada por murallas, pasó a ser una pequeña y alegre ciudad con estación de tren, centro de exportación agrícola, abierta al turismo y el veraneo. Pero mayor fue la transformación social de su población bajo el influjo de la revolución ideológica: de ser una comunidad tradicional bajo la autoridad eclesiástica paso a dividirse en clases sociales que llevaron al enfrentamiento armado. Entender ese proceso no era tarea fácil.

La obra va estudiando la implantación en las personas ilustradas de la ciudad del ideario de la revolución burguesa, vía Constitución de 1812, y la reacción subsiguiente. Se asoma a todo el movimiento carlista, que tan arraigado estuvo en la comarca, llegando Sigüenza a capitalizar la reacción en el imaginario de la época.Después estudia la restauración del Estado monárquico, tras la primera crisis republicana, y la implantación de las ideas de la revolución proletaria y el sindicalismo, que tuvo aquí interesantes manifestaciones, previas al estallido de la guerra. Como puede vislumbrarse, es una época histórica de la mayor complejidad y no es sencillo mantener una línea ecuánime y prudente en el relato de los hechos. La llegada del tren en 1862 fue el momento decisivo en la modernización de Sigüenza, pues trajo también un contingente de ferroviarios con espíritu sindical reivindicativo, no ya meramente gremial.

El libro presenta las figuras humanas más decisivas de aquella época, cada una en su singularidad. Desde el obispo-general Vejarano a aquel renovador social que fue don Hilario Yaben, pasando por El Empecinado, el reaccionario Víctor Damián, el cura Batanero, o el mismísimo presidente del consejo de ministros, el conde de Romanones; sin que olvidemos a nuestro obispo mártir, don Eustaquio Nieto. El citado canónigo y vicario episcopal, don Hilario Yaben, animador de la prensa seguntina y del sindicalismo católico durante el primer tercio del siglo XX, cuyas obras todavía pueden leerse en línea, a pesar de tener plaza con su nombre en Sigüenza, es un gran desconocido para el común de los seguntinos actuales.

Y quedan asimismo reseñados los grandes episodios de aquel periodo. Desde los saqueos sistemáticos de las tropas francesas y la guerra de guerrillas, pasando por el levantamiento carlista en la ciudad que cerró el trienio constitucional, así como el ir y venir de las partidas carlistas y el caciquismo de la restauración, hasta el desastre de la Guerra Civil. Sin olvidar la modernización, ya mencionada, que supuso la llegada del ferrocarril. Solo con tratar de entender la génesis y explosión de la Guerra Civil en nuestra ciudad ya habría material para un solo libro. 

Muchos son los historiadores locales que, necesariamente, ha habido que consultar para acercar el relato a los hechos objetivos. No obstante, ha sido intención declarada del autor homenajear la que fue importante revista de divulgación histórica, los Anales Seguntinos, que animó mi padre, Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo, y prosiguió su hija Pilar.

En definitiva, se ofrece a la ciudadanía seguntina unos materiales históricos dignos de conocimiento y reflexión. El libro no pretende ser el final de un camino, sino que continuamente invita a asomarse a los numerosos historiadores locales. Se acompaña de una cronología orientadora, necesario esquema de ese siglo decimonónico y del primer tercio del XX. 

Y poco más. La obra se presenta en autoedición y tapas duras; y espero pueda ser leída con curiosidad y agrado.
                                                        
José María Martínez Taboada

Ediciones de La Plazuela - El Afilador

¡Nuevo!
Agotado